martes, 22 de enero de 2013

10 buenas razones para desayunar correctamente.

Entre Cubiertos /Ruth Carrasco.




  • Mejora el rendimiento intelectual en quienes lo realizan, pues constituye la fuente de energía que el cerebro necesita después de una noche de ayuno. Su realización incrementa la concentración, la memoria y otras habilidades mentales.
  • Favorece una correcta alimentación en general, ya que quienes desayunan suelen llevar a cabo el resto de las comidas del día y con una composición equilibrada.
  • Contribuye a perder peso, pues las investigaciones han asociado el desayuno a un menor porcentaje de grasa corporal y un menor IMC.
  • Activa el metabolismo tras las horas nocturnas, donde el cuerpo enlentece su ritmo para funcionar sin nutrientes por al menos 8 horas.
  • Reduce la ansiedad por comer y permite llegar al almuerzo con menos hambre.
  • Mejora el rendimiento físico, ya que el cuerpo ha recibido su cuota de energía necesaria para poder moverse sin dificultades y sin la necesidad de recurrir a las reservas para hacerlo.
  • Previene alteraciones en el organismo tales como hipoglucemias e hipotensión.
  • Aporta nutrientes necesarios para que el organismo funcione correctamente, siempre y cuando el desayuno se componga de una cuota de hidratos, proteínas y grasas.
  • Mejora el estado de ánimo y el carácter en general, ya que éste también depende de la energía y los nutrientes con que cuenta el organismo.
  • Constituye un buen momento para compartir en familia, tomarse un pequeño tiempo para nosotros y, porque no, para inculcar y establecer buenos hábitos alimentarios en general.

¿Qué ocurre si no desayunamos?

Algunas de las consecuencias de saltarse el desayuno son decaimiento, falta de concentración y mal humor, debido al déficit de glucosa -nuestro principal combustible energético- que produce el ayuno.

Hay que recordar que a primera hora de la mañana el organismo lleva ya entre 8 y 10 horas sin recibir ningún alimento. 



La falta de glucosa empuja a nuestro cuerpo a quemar otras reservas energéticas, lo que causa múltiples alteraciones en el normal funcionamiento orgánico.

En edades escolares, esto condiciona el aprendizaje y acarrea un descenso del rendimiento, ya que la capacidad de locución o expresión, de memoria, de creatividad y de resolución de problemas quedan particularmente afectadas.


 Estas observaciones han sido verificadas tanto en niños que presentaban una alimentación equilibrada en su conjunto como en niños que presentaban una alimentación insuficiente. Por todo ello, se puede considerar que el desayuno es un hábito alimentario que llega a condicionar el estado físico, psíquico y nutricional, pero no sólo de los niños y adolescentes, sino en personas de todas las edades.


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